Podía tener 9 años cuando, asomada al balcón de la casa familiar, observé aquella pareja sentada en la piedra... Él, con un vaquero muy estrecho a rayas negras y blancas ciñendo su cuerpo delgado. Tenía pelos largos y cara de quinquillero... Ella, de espaldas a mi campo de visión, caminaba con dos dedos por su pantalón, como jugueteando, acercándose y separándose pasito a pasito de su zona más abultada... Raya negra, raya blanca... Se miraban cómplices, ajenos a aquella inocente niña que, sofocada por la visión de algo nuevo, se escondía entre los tiestos de geranios sin dejar de espiar...
Mi sensación era desconocida... Un quiero y no quiero ver, similar al orgasmo tan bien conocido ahora en mi madurez...
Mi primer contacto con el morbo, eso era...
Aquella noche, había decidido salir sola... emborracharme.
En una esquina, también solo, un chico con cara aniñada... Despeinado y con las botas muy sucias... Y esas manos... manos problemáticas y sin lavar.
Tenía más pinta de robarme el bolso que el corazón... mas no podía dejar de examinarlo de arriba abajo...
Imaginé, como tantas otras veces en mi tímida vida, la gran totalidad de momentos que podría protagonizar con él. Labor que tenía muy controlada.
Desde que decidí aprender a disimular mi vergüenza, planeaba con detenimiento mis actos, diálogos y respuestas posibles antes de llegar a cualquier acción...
En realidad la embriaguez me llevó a ello. No sentía ninguna atracción. Pero la mente no controlada de una mujer sola y bebida, me llevó el sexo al pensamiento...
Eran las cuatro de la madrugada y el ambiente etílico desvanecía cualquiera de mis posibles complejos...
Cuando tuve la noción de volver a existir, me descubrí sentada en una incómoda silla, con las manos sujetas atrás con unas esposas. Vagamente, me alegré de haber elegido esa tarde las mini braguitas rojas de Betty Boop. Porque era lo único que acompañaba a mi cuerpo en aquella ocasión.
Él susurraba en mi oído con cálida voz ronca de fumador empedernido cosas como "sabría que no te arrepentirías"... "verás, te va a gustar"...
Yo no daba crédito: ¿cómo había llegado hasta ahí?
La pensión olía tanto a humedad que casi cubría al humo y al culillo de ron que quedaba sobre la mesita...
La borrachera no me dejaba centrarme en un pensamiento determinado y, ahora él amarraba mis tobillos a la parte inferior de las patas de esa silla con unas medias. Mis propias medias...
Intenté recordar en qué momento de la noche accedí a irme con él, pero me mareé... La vista se me nublaba aunque aún podía sentir.
Con un bolígrafo bic, acarició mi clítoris lentamente, repasando cada curva de la cara de mi Betty... Yo estaba extasiada...
Jadeaba con cansancio dando gracias a las copas el no tener sentimiento de culpa alguno...
De repente... apartó aquel bolígrafo y me miró.
Se bajó los pantalones y se tocó sin apartar la vista de mis piernas...
Yo necesitaba presión y, aunque no podía juntar los pies para apretar la zona interior de mis piernas, puse toda mi atención en las rodillas, sueltas, que colaboraban algo en mi inútil tarea de sentir... Sentir más...empuje. Me quería morir...
Con la punta del pene asomando -por lo apretado de sus calzoncillos- casi rozando su ombligo, acercó el dedo e indicó aquella zona solo mía que hervía...
La boca no me respondía... Me humedecía los labios con insistencia intentando pedir por favor que continuara... Ese "sigue, sigue..." que jamás he gritado en voz alta, pero tantas veces habitó en mi pensamiento. Pero no había saliva ni líquido alguno. Todos mis flujos estaban allí concentrados, empapando mis bragas...
Apartó mis rodillas con fuerza, presionándolas con los codos para impedir cualquier movimiento.
Ahora el boli le sirvió para ir agujereando -con una parsimonia que me embrutecía- el muro de algodón que cubría mi sexo... Sin hacerme daño, aunque eso era lo que hubiera querido yo...
Tan solo quedaban las gomitas que rodean las ingles, pero pude sentir un poco de aire fresco en mis abiertos labios...
Mi mente abarcaba un único deseo: MÁS...
Arrimó mi pezón a lo más alto de mi cuello, y pasé la lengua -estirada al máximo- por él... Su sucio dedo ahora, separó mis labios resecos con el carmín ya corrido... Me vino sabor... a sangre. Como cuando un cigarro te arranca la piel al retirarlo por impulso veloz...
Comencé a succionarlo, sedienta de gusto, como quien intenta sacar semen a un pene duro...
Se recreaba en la escena de verme sufrir... El dedo se alejaba y con mi lengua intentaba atraparlo, lo acercaba... Yo quería una penetración brusca YA. No podía esperar más...
Se refugió entonces en mi entrepierna, pero solo soplaba... Notaba mi clítoris crecer. Mi puro dolor... Pero él solo echaba su aliento... cual caricia leve... Y aunque tuve oportunidad, ya nunca más quise cerrar las piernas...
Estaba al borde del desmayo por retener mi placer, cuando comenzó a desatar mis tobillos.
Y aún así... me mantuve bien abierta... lo necesitaba. Y ahora... sonaba ruído de metal... De llave que libera... Oh... las esposas...
Si... a todo lo que hagas... SÍ... a todo lo que quieras -pensé.
El solo hecho de imaginar sentir su mirada cerca, oliendo mis secreciones que resbalaban por el cuero de la silla, me incendiaba...
Cuando al fin me supe liberada, tomó mi muñeca dolorida y me puso en pie. Sentado ahora él en la silla, me colocó frente a sí, con un leve movimiento. Aun sin su contacto, seguí sintiendo placer húmedo... Me conformé con la escasez de sus movimientos, porque estaba definitivamente caliente...
Lo último que vi con claridad fue su prepucio asomar cuando se tensó la piel de aquel pene que por momentos doblaba su tamaño... y alimentaba mi autoestima.
Se apretó con ansia, arriba, abajo... Enseñando aquella punta redonda y brillante... escondiéndolo... Suspiraba muy bajito, pero sus pupilas le delataban... Aumentó la velocidad y equilibró el ritmo...
No quitaba sus ojos de los míos... Y colocó mi cintura pegada casi a su nariz...
Agachó la cabeza y me pareció ver un túnel de luz blanca entre su cara y mi coño... Perdí la visión momentáneamente... Mi cara enfocaba al techo...
Sin haberme siquiera planteado cuál podría ser el siguiente paso... noté calor bajar por mis piernas encendidas y en su máximo ángulo de apertura...
Miré.
Estaba meando en sus rodillas...
Primero abrió la palma de la mano y abarcó toda esa parte mojada.... AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH...
Él metió un dedo, dos dedos...
Los introducía en mi vagina que se amoldaba perfectamente al tamaño deseado por su perversa fantasía...chorreándole por la muñeca mi líquido caliente... Mi coño convertía en curva perfecta cada resquicio de su mano...
Agarré su pelo despeinado con violencia, empujando su boca contra mi sexo...
Abarcó casi su totalidad con sus labios, mientras me corría, me corría, me corría... AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH...
Cuando me desperté, aún quedaban cabellos enganchados a mis uñas...
En el espejo... el rimmel corrido. Debí llorar... no sé...
1 comentario:
¿Chica de la ciudad, Reina de la noche, golfa o La chica de la puerta 16, cuál de ellas pudieras ser?.
Besos no esposados -aunque te disgusten, jejeje-
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