Definitivamente, las imágenes no me ayudan a masturbarme. Pero sí los pensamientos...Soy capaz de transportar hasta el último detalle a mi mente... Sabores, olores, tacto, sensaciones...
Son muchas horas ya, tomando decisiones sin querer, buscando cual será mi fantasía hoy, que me siento verdaderamente deseada... por mi mano.
El orgasmo es como querer y no querer... y mi imaginación me transportará a esa trastienda, donde atada con las piernas abiertas, me tienen encerrada...
Necesito cerrarlas cuando empiezo a convulsionar, pero a veces abrirlas casi corriéndome me funde... me derrite...
Por eso hoy decido soñar bien abierta...
En mis ojos, una venda... no quiero verle la cara porque estoy atrapada por alguien al que desprecio...
Estoy subida a una mesa de tamaño mediano, y mi zona más preciada justo a la altura de cualquier boca...
Suena la puerta. Alguien entra. Es él...
Mientras susurra barbaridades que me repugnan sobre mi cuerpo, roza mis tobillos con suavidad... Tan cuidadoso que me estremece... aunque mi gesto estudiado continúa siendo de rechazo absoluto.
Mientras suben sus dedos hacia arriba, en la vida real comienzo a acariciarme... rígida, manteniendo los muslos bien abiertos, lo que me provoca placer por las ganas de apretarlos por el gustito...
Hoy probaremos con vaselina...
Me masajea él... me masajeo yo...
Me dice que me va a gustar y le escupo... Pienso que se ríe...
Masturbarte sin el menor movimiento para que el dueño de tu fantasía no se crezca, es tarea complicada... que invita a gemir en voz alta...
Pero la subida grande llega cuando él para (yo también) en el momento elegido en que ya no puedo soportar más la quietud... Y GRITO... Le pido que siga, se ruego, le suplico... jadeo, me muero... aaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhh... Convulsión brutal...
....y un cigarrito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario