
La necesidad de estar contigo con la rapidez de un encuentro furtivo me impide correrme. Pero no me importa. Me basta ese momento para almacenar la suficiente información y terminar el trabajo en casa. Con tu aroma impregnado en mi piel.
Aroma de amante, sin perfumes añadidos. Tu aroma de siempre.
Ni siquiera me molesta no poder tocarme bajo tu húmeda mirada porque no puedes soportarlo. Y eso me halaga. Me hace sentir mojada, pero de ego...
Mientras te recuerdo desde la distancia, mi clítoris crece. Me gusta sentirlo inflamado por tu imagen retenida desde que nos despedimos. Suave... liso...
Cada vez que me observo desnuda me veo desde tus ojos. Me gusta... Me gusto....
Me pediste: tócate, por favor. Córrete conmigo... Te juro que aguanto...
Y así fue.
Correrme a mi ritmo contigo dentro es algo que nunca podré explicar... Llegar al orgasmo a lo bestia, sin importarme mis gemidos, ni los tuyos, ni el calor asfixiante que me sube desde que te pienso...
Te di un beso. Y no era lo pactado. Pero después de tantos años merecía permitirme un poco de amor entre tanto sexo... Te odio.
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