miércoles, 26 de agosto de 2009

ALGÚN DÍA ACABARÍA...


Y ese día ya pasó.
Aunque a veces imaginé dejarlo todo...
Mientras me desnudas escondida tras una columna que cubre una ventana repleta de voces, decido que, la familiaridad con que me muevo tras tu mirada hambrienta, ha superado el límite de lo permitido.
Levanto mi pelvis para desabrocharme el sujetador, sabiendo que me servirá de coqueteo semejante postura.
Y solo escucho un susurro: qué suave...
Y no me resisto. Porque la curva de mi vagina -ligeramente inclinada a un lado- encaja perfectamente con la de tu pene. Formando una unidad perfecta. Y eso me asusta.
Y muero por besarte con suavidad. Y muero por un poco de cariño entre tanta respiración agitada. Y muero por tener derecho a pedirte una caricia, sin miedo a qué pasará...
Pero no lo haré.
Solo te hago el baile de mis dedos en mi clítoris, con un dominio perfecto de mi cuerpo cuando estás dentro, jadeando en silencio... Usándote sin pudor hasta conseguir el más intenso placer...
Con una confianza que empieza a asustarme...
Corriéndonos siempre al mismo son. Lo que siempre ha sido innecesario en la cama, contigo se cuadra...
Pero en el momento que deseo un despertar a tu lado comprendo que hay que poner fin...
El orden de mis frases aliadas ha cambiado su rumbo...
Ahora necesito ternura... que el sexo ya está controlado.
Qué será de mí si luego ando en trance por las calles... Si a veces se me escapan los movimientos de mis caderas recordando tu cama... Si me sorprendo sonriendo de gozo en lo más triste de la película de la noche...
Qué será de mí si continúo aparentando frialdad y control. Si me empeño en creer que puedo seguir, y lo que tengo es un barullo en la cabeza que creo olvidar hasta que vuelvo a quitarme las bragas...
Por eso, entre risas, zumo y jabón, pongo con tristeza fin a un sentimiento pasado que ha dejado de estar adormecido y que tengo que volver a enterrar...

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